El zonda, abrupto. Destierra lo que solía estar sobre las vigas aledañas al viejo pueblo,donde se hace innegable la soledad. Paredes manchados por irreconocibles pinturas, descascaradas, postales de lo que supo ser una esquina poli-cromática que hoy sucumben ante una gama de grises. Una mujer vaga por el lugar, va buscando quién sabe qué, su cara no dice mucho más que ese día poco le importó levantarse. Lleva consigo un bolso viejo, remendado en las tiras. Parece pesado.
El viento le vuela el poco pelo que le queda recogido, pero ella camina como si nada pasara, como si todo estuviera bien. Sus ojeras la delatan, sus pies cansados como si pesaran más de la cuenta.
Nadie sospecharía que pasó horas caminando, huyendo de su familia, de sus demonios.
La noche no se la hizo fácil, solo le trajo más pesares con esos dos tipos que le insinuaron unos mangos con tal de que se fuera con ellos a pasar un rato. Tuvo que ponerse firme para que entendieran que sólo quería seguir sola.
La mujer dobla la esquina, a paso lento pero seguro, sabe cuánto le ha costado escapar, de la rutina, de las presiones, de toxicidades que solo la iban consumiendo cada vez más, y por todo esto no va a disminuir la velocidad, no va a abandonar la constancia.
Poca gente transita las veredas esa mañana temprano. Una señora mayor que ingresa a la verdulería a la misma hora que todas las mañanas, los mismos tipos, con la misma nostalgia vacía, comparten el café de siempre y recuerdan anécdotas (reales o inventadas) para sentirse mejor, la dueña de la tienda de ropa espera enojada e impaciente la llegada de su empleada para que le abra la persiana. Algunas cosas nunca cambian.
Por la vereda de enfrente, un hombre de ojos grandes y pelo ordinario la observa, pareciera caminar a su paso, como si la siguiera, como si la protegiera. Ella no se ha percatado aún.
Sin percatarse de tantos detalles, la mujer pasa por la cuadra como si nada, tanto drama brusco y obsceno ha terminado con su poesía, esa que solía cargar años atrás, antes de entender que no era quien creía, antes de conocerse.
Tarde o temprano entenderá (tal vez) que todo cambio es necesario.
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