Recurrente sos en mis ojos,
aún cuando los cierro.
Te has vuelto, paulatinamente,
carne de mi uña,
resoplido de mi pecho,
agua de mi sed,
fragancia de mi perfume favorito.
La realidad se nos presenta como una hoja en blanco. La realidad es la unidad del ser, del tiempo y de la eternidad.
martes, 7 de marzo de 2017
Límites
He yacido a su lado.
He besado su mirada.
He abrazado sus miedos.
He probado infinidad de veces su boca.
He sentido el calor de sus manos.
He contemplado las delicadas matices de su piel.
He oído el resonar de su voz,
el tronar de su risa.
He amado sus lágrimas al mirar.
Y aún así no consigo entender cómo es posible tanto de todo,
en un sólo ser.
¡Ay de mí!¡Ay de él! Si pudiera romper la barrera del cuerpo nuestro,
tan sólo así podría amarte más que ahora.
He besado su mirada.
He abrazado sus miedos.
He probado infinidad de veces su boca.
He sentido el calor de sus manos.
He contemplado las delicadas matices de su piel.
He oído el resonar de su voz,
el tronar de su risa.
He amado sus lágrimas al mirar.
Y aún así no consigo entender cómo es posible tanto de todo,
en un sólo ser.
¡Ay de mí!¡Ay de él! Si pudiera romper la barrera del cuerpo nuestro,
tan sólo así podría amarte más que ahora.
VIDA INTERIOR
Muerte. Sexo. Vida. Religión-No religión. Sexo. Vida. Infancia. Juego. Locura. Amor. Desamor. Muerte.
¿Felicidad?
¿Felicidad?
De aquellos altivos.
Las copas de los árboles parecían volar casi tan alto como nosotros.
Los miedos se volvían fortalezas, las maravillosas utopías de hace unos días atrás, cobraban vida, y se metían en la carne, en nuestro ahora, en la más pura realidad, que ya no era avasallante, sino que barajaba a nuestro favor.
Las ventanas nos mostraban otra pintura, el sueño de algún poeta soñador, de un escultor ambicioso, de un Dios nunca antes alabado. El paso se abría para que lo caminemos, pero sólo cuando nuestras miradas/almas como cíclope se cruzaban, se razgaban los huesos y se dejaban atravesar para volverse invencibles, ante una sociedad que creía tener la ventaja en este recorrido que llaman vida. Sin darnos cuenta, le ganábamos por goleada. Pero eso no era lo que más importaba, porque el sólo hecho de sentirnos eternos nos colmaba el alma-el ser-la esencia.
Los miedos se volvían fortalezas, las maravillosas utopías de hace unos días atrás, cobraban vida, y se metían en la carne, en nuestro ahora, en la más pura realidad, que ya no era avasallante, sino que barajaba a nuestro favor.
Las ventanas nos mostraban otra pintura, el sueño de algún poeta soñador, de un escultor ambicioso, de un Dios nunca antes alabado. El paso se abría para que lo caminemos, pero sólo cuando nuestras miradas/almas como cíclope se cruzaban, se razgaban los huesos y se dejaban atravesar para volverse invencibles, ante una sociedad que creía tener la ventaja en este recorrido que llaman vida. Sin darnos cuenta, le ganábamos por goleada. Pero eso no era lo que más importaba, porque el sólo hecho de sentirnos eternos nos colmaba el alma-el ser-la esencia.
Todo solía decantar en la nada, en un pozo sin fondo, un agujero negro del que nada escapaba jamás. Los días transcurrían lentos, las noches fugaces. El tiempo parecía correr a toda velocidad cuando la mayoría de las personas dormía en aquel barrio, digo la mayoría porque Sara era la excepción. Ella desvelada, contemplaba las estrellas. El simple hecho de estar haciéndolo era, para la joven, un misterio. ¿cuánto misterio significaba el firmamento? ¿cuántas dudas habrá generado esa celestial imagen a lo largo de los siglos? ¿cuántas bocas se habrán encontrado, por vez primera, bajo esa sábana ancestral de luciérnagas, a miles y miles de kilómetros de acá pero a la vez tan cerca de nosotros? ¿cuántas preguntas habrá respondido ese cielo que pareciera no decir nada y a la vez decirlo todo? Infinidad de cuerpos se habrán vuelto uno sólo, teniendo como confidente a este indiscutible luminoso.
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